Si usted hiciera una lista de las mejores cinco reglas para lograr el éxito, ¿cuáles serían y qué lugar ocuparía el ‘factor gente’ en ellas?


1. Encuentre gente buena.
Los éxitos de las empresas Virgin como Active, Atlantic, Money y Mobile estuvieron todos basados en que supimos reunir un gran equipo gerencial que poseía visión, pasión y un sentido verdadero de propiedad.
Buscamos, específicamente, líderes que tengan la capacidad de escuchar la retroalimentación que les dan los empleados y clientes; esto es crucial para mantener fresco e innovador un producto o servicio. Con frecuencia, cuando las cosas empiezan a marchar mal, se dará cuenta que los miembros del personal se sienten ignorados y que las ideas buenas no están subiendo a la superficie.
Un buen dirigente debe tener carácter para adoptar decisiones complejos, y la pasión y capacidad para inspirar a su personal y hacerlos seguir adelante en tiempos difíciles.
2. Darse cuenta de que los empleados son el negocio.
Un negocio exitoso no es el producto o servicio que vende, su cadena de abastecimiento o su cultura corporativa; es un grupo de gente estrechamente unido por un propósito y una visión comunes. En el caso de Virgin, volamos los mismos aviones que utiliza la competencia y nuestros gimnasios ofrecen buena parte del mismo equipo que tienen otros gimnasios. ¿Qué separa a los negocios Virgin de la competencia? Nuestros empleados.
El plan de negocios mejor diseñado no servirá para nada si no es ejecutado por personal entusiasta y apasionado. Esto es especialmente cierto cuando las cosas van ligeramente mal; un equipo cordial y con iniciativa, frecuentemente puede atraer a la gente, impidiendo un desastre potencial o incluso dándole un giro para su beneficio.
A principios de este año, un vuelo de Virgin America fue desviado de Nueva York a un aeropuerto en el cercano Connecticut, a causa del mal tiempo. Los pasajeros se vieron atrapados en la aeronave durante muchas horas mientras, se arreglaba el clima. Todo tardó demasiado tiempo.
Más tarde, el propio CEO David Cush llamó a vario de los pasajeros para disculparse, lo que quizá haya dado a esos clientes una idea de que todos los miembros del personal de Virgin habían estado preocupados por ellos.
3. Destaque lo mejor en su gente, sea generoso con sus elogios, nunca critique.
En lugar de enfocarse en los errores, un líder necesita resaltar cada día a alguien cuando está haciendo algo bien. Si esta cultura de alentar el desarrollo de los empleados mediante el reconocimiento y el elogio empieza desde arriba, irá muy lejos en cuanto a desvanecer el temor al fracaso de los trabajadores, mismo que puede impedir el crecimiento de una empresa, particularmente en los primeros días.
Cuando ocurren errores -lo cual es inevitable- siempre adopte la actitud de que es preciso aprender de ellos y de no seguir lamentándose por lo que salió mal.

4. No se lo tome demasiado en serio.

En Virgin nos enorgullecemos de tratar de encontrar la diversión en nuestro trabajo, por lo que quiero decir que tratamos de asegurarnos de que, tanto nuestro personal como nuestros clientes tengan una verdadera sensación de calidez y afecto. Yo he encabezado abiertamente esta actitud -divirtiéndome con disfraces, intentando toda clase de peripecias, y en general, demostrando que no me tomo muy en serio a mí mismo.
Mi enfoque seguramente no funcionará para todos los negocios, pero mantener un sentido de la perspectiva y no permitir que la gerencia sea vista como aislada ayudará a mantener a su personal de su lado.
Para alentar el sentido de cordialidad e interés personal de sus empleados en las necesidades de sus clientes es crucial asegurarse de que todos los que trabajan con usted disfruten de lo que hacen, lo que significa que todos deben estar orgullosos de su compañía.
5. ¡Al diablo, hágalo!
Finalmente, para triunfar en los negocios es preciso tener la valentía para intentarlo. Empezar una empresa o negocio es un gran riesgo; un empresario necesita decisión y la convicción de que superará los primeros obstáculos. La mayoría de las empresas nuevas fracasan en los primeros años, así que un ingrediente clave del éxito es la capacidad de levantarse e intentarlo de nuevo.
Si empieza a parecer que su negocio no va a poder sobrevivir, algunos en suequipo quizá pierdan su valor. En ese momento crucial, su conocimiento del ‘factor gente’ puede salvar o hundir su compañía.
Nicki McKensie, Malaga, Australia Occidental

Autor: Odalis Rojas

Todavía recuerdo como hace unos años, llegaba un gerente comercial y llamaba a Recursos Humanos pidiendo un curso de ventas para los vendedores, a los días, llegaba el gerente de planta para pedir un curso de supervisión para los supervisores y para los operadores de máquinas, y el gerente de contabilidad pasaba un memorando pidiendo que lo enviaran a un curso de impuestos en una reconocida universidad. No faltaba el día que llegaba el presidente de haber estado en una charla en Estados Unidos, y había oído hablar de Covey y le pedía a Recursos Humanos que todos los vicepresidentes hicieran el curso de los “7 hábitos de la gente altamente efectiva”, y con esa solicitud emanada de la máxima autoridad de la empresa, la gente de Recursos Humanos salía corriendo -literalmente- a buscar los cursos. Recursos Humanos era en esa época el gran gestionador de cursos. Y los que estábamos en las empresas nos convertimos en los coleccionistas de cursos, un gerente podía decir: “el de Covey: lo tengo, Calidad Total: lo tengo, Supervisión Eficaz: lo tengo, los 14 puntos de Deming: lo tengo, Cómo Sobrevivir en un Mar de Tiburones: lo tengo”. Es decir que la empresa asignaba unos recursos financieros y Recursos Humanos los aplicaba según las distintas dependencias los fueran solicitando. Eso ocurría hasta que se acabara el presupuesto y entonces los más lentos pedían un curso de “trabajo en equipo” para los analistas de cuentas y la respuesta era: “se acabo el presupuesto, prográmenlo para el año siguiente”.

Si tuviésemos que analizar esta práctica como una fase dentro del mundo empresarial, diríamos que la característica fundamental de esta etapa -que aunque en menor grado, todavía sobrevive en algunas empresas- venía dada porque Recursos Humanos era sólo un gestionador de cursos, la capacitación era reactiva en función a las solicitudes de los demandantes. El resultado: Las empresas invertían enormes cantidades de dinero, sin una claridad estratégica, sino más bien para satisfacer agendas individuales. Conclusión: La capacitación era un gasto.

El cambio vino (y es lo que voy a denominar la segunda etapa) cuando las empresas empiezan a darse cuenta de que el capital humano es un “elemento estratégico”, se despierta entonces, la necesidad de pensar y evaluar cuáles son las competencias que requiere la empresa para lograr resultados, qué tipo de conductas son las que la estrategia requiere que los gerentes y sus colaboradores modelen. Se plantea una nueva organización en la forma de trabajo de los departamentos de Capacitación y Desarrollo, quienes abandonan la antigua práctica de ir puesto por puesto “levantando necesidades de capacitación”, para enrumbarse en lo que se denominó “Gestión por Competencias y Evaluación del Desempeño”, basados fundamentalmente en estudios que determinaban el grado y los GAP por cada competencia. La función de Recursos Humanos se vuelve proactiva, en vez de reactiva, está basada en estudios, busca estrechar o acortar las brechas a través de planes bien orquestados de capacitación y otras alternativas de co-desarrollo. Es la época de la gestión por competencias, se vuelven famosos los enlatados de Hay Group, Martha Alles, entre otros. Las casas matrices de la gran mayoría de las transnacionales envían las competencias aptitudinales y conductuales que requiere “la corporación”, muchas veces – sobre todo en los países caribeños y latinoamericanos- sin mucha adaptación, pero “competencia es competencia y hay que operacionalizar la gestión”, me decían algunos colegas. El resultado: A partir de estos mandatos corporativos, la capacitación se re-enfoca, se hace más estratégica entendiendo el rol clave del capital humano como generador de valor, alineada a los mandamientos empresariales, generando una mejor utilización de los recursos y obteniéndose ahorros importantes. Conclusión: La capacitación es una inversión y se convierte en estratégica.

A pesar del gran avance de la etapa I (reactivo y sin estrategia) a la etapa II (a proactivo y alineado a la estrategia), surge una tercera etapa, que recién estamos viviendo y cuyo génesis u origen viene fundamentado en la responsabilidad individual, en donde Recursos Humanos es un asesor o consultor interno que apoya al desarrollo integral del empleado, la Empresa es un facilitador de recursos, y cada individuo es absolutamente responsable de su formación, para continuar agregando valor a su gestión y hablamos entonces del auto- desarrollo. La característica fundamental de esta etapa viene dada principalmente porque ya ni La Empresa, ni Recursos Humanos son los grandes promotores de que la gente se capacite, sino que el empleado, (con apoyo de su jefe) con base a evaluaciones de competencias y en función a su desarrollo de carrera, traza en consenso con su supervisor inmediato, asesorado por un consultor interno de Recursos Humanos, su propio plan de desarrollo, para modelar las conductas que la organización requiere estratégicamente y agregar valor a la empresa.

El Resultado: Todos estos avances, implican que el rol de Recursos Humanos dentro de las empresas da un viraje de 180 grados, para convertirse en un asesor o consultor interno, conocedor e inmerso en el tema estratégico y en el “core business”, que busca constantemente alinear al capital humano con la estrategia y los resultados de la organización. Los programas de auto-desarrollo abarcan el cierre de las brechas de competencias, pero la responsabilidad no recae sobre la empresa, sino sobre el empleado. Aunque es muy temprano para hablar de conclusiones, la capacitación desde el punto de vista del auto- desarrollo continua siendo una inversión, los recursos destinados para capacitación bajan notablemente (tanto en tiempos, eficiencia, como financieramente).

Finalmente, si graficamos las tres etapas, podremos observar claramente cómo ha evolucionado la capacitación, de altos costos en la primera, a una eficiente inversión en la segunda, para finalmente llegar a una moderada inversión en la tercera. Adicionalmente, se ha pasado de una alta entropía a una etapa de alineación estratégica, impulsada principalmente por una Gerencia de Recursos Humanos proactiva, que busca despertar un alto compromiso individual en su capital humano a través de agendas de auto-desarrollo. El reto continua siendo cómo hacer que la capacitación genere valor y esté alineada a la matriz estratégica de la empresa, pudiéramos inferir que al ser responsabilidad del empleado, existe un compromiso mayor, que cuando le es impuesta por la organización.